¿Habéis pensado alguna vez hasta que punto forma parte de nuestras vidas la música? Recapacitemos un segundo: siempre estamos cantando o tarareando (con mejor o peor entonación, admitámoslo, no pasa nada), nos sentimos identificados con cualquier estrofa de la canción más banal (¿A quién no se le saltan las lágrimas al escuchar “Me cuesta tanto olvidarte” de Mecano?), y una melodía puede alterar nuestro estado de ánimo sin que nos demos cuenta.
Nos acompaña en todo momento, desde que sacamos el pie de la cama hasta que apagamos la lámpara, nos escucha cuando no queremos que nadie más lo haga, nos comprende cuando nadie más puede hacerlo, nos es fiel tanto cuando reímos como cuando no podemos reprimir las lágrimas (excepto cuando ponemos el reproductor en modo aleatorio, por supuesto), nos ayuda a concentrarnos o a relajarnos si se lo pedimos.
Al soñar despiertos pensamos what a wonderful world es éste y nuestra cabeza viaja a un lugar somewhere over the rainbow. Al despertarnos de buen humor, escuchamos de fondo a una voz diciéndonos que here comes the sun. Nos enamoramos ciega y locamente y nos volvemos crazy. En un abrir y cerrar de ojos, en cambio, decimos somethin’ stupid, y la liamos. Y entre una cosa y otra nos sentimos tan frustrados que no tenemos ninguna satisfaction.
Vivimos con la música, y la música con nosotros. Es decir, que nuestras vidas tienen banda sonora, exactamente igual que las películas. Nuestro día a día lo componen diferentes tonos, instrumentos, ritmos y melodías, los cuales acaban haciendo de nuestra rutina una realidad menos monótona y más agradable. La música es una vía de escape, pero también un resumen algo artístico de todos y cada uno de nosotros.
En Musika Parkean pronto os anunciaremos los grupos que estarán con nosotros el 29 de junio en Cristina Enea, quienes, seguro, acabarán formando parte de la banda sonora de todos nosotros. Mientras tanto, ¿ya sabéis qué canciones componen la vuestra?





